Mi jaguar de cerebro,
cuyo techo es la causa-efecto,
esta mermado desde el
cuyo techo es la causa-efecto,
esta mermado desde el
fulgor sináptico en la atalaya
hasta el incendiado horizonte
de mi flatulencia abanicada.
Tengo un juez con tal jota
que comienza en mis pies
y termina en mi lobotomía.
Un otro yo desconocido
desde el principio del saber
hasta el final del olvido.
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