Desde el origen hemos
vivido en sufrimiento,
en el peor resultado
de nuestras mismísimas
creaciones, decisiones;
es decir: pensamientos.
En el vacío posterior
al ver lo que realmente
somos pero que a la hora
de intentar… fracasamos.
Autonegación de la
versión pura y elevada
de nuestra propia esencia,
tan menos e incompletos,
tan distantes del todo
cual raza sonámbula.
Permitir que la nave
continué a la deriva,
al capricho de corrientes
y vientos del exterior
no es más que abandonarnos.
Conformarnos con cualquier
personaje de entre la
tripulación en lugar
de elegir ser capitán
y tomar el timón de
nuestra propia embarcación
es andar sin voluntad,
en ignorancia y dolor.
¡Habrá que amotinarnos
contra nosotros mismos!
Que revolucionarnos
y así reeducarnos
con la brújula siempre
apuntando hacia la versión
más elevada del yo,
diario izando las velas,
remando a cada instante,
aunque sea desfavorable
lo metereológico,
aunque atraquen los piratas
o aparezcan las bestias
de las profundidades.
¡Habrá que arrojarse a esta
única lucha sin tregua!
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