sábado, 5 de julio de 2008

Tortillas somos y en el comal andamos.


-¿Vamos o venimos?

Ya hace mucho tiempo olvidamos
el camino hacia donde vamos,
porque pospusimos recordarlo
para el momento de venirnos.

Mientras los ancianos sin memoría
discuten el sentido de la raza perturbada.
Los adultos dicen que sí no fuesen
comestibles dando vueltas en un horno,
nada les impediría ser felices.
Los jóvenes se luchan, se juegan, se brincan,
se enamoran, se fusionan y se abandonan.
Los niños perciben su futuro entre trinches,
sarrosamente masticados poco a poco
sin olvidar que un día estuvieron protejidos.

Ante la perspectiva de que
el olvido engulle al recuerdo
y que la evolución no tiene computada
a la humanidad como un fin,
o por lo menos como un cenit
o un orgasmo o como algo razonado,
la noción de nosotros mismos
es la de ser un efímero acontecimiento.

Cosa que no entiendo:
que la sístole cerebral desentone
con la diástole cardiaca,
y además siempre arrebasados ambos
por un pene,
o como dicen en el hipódromo:
por una cabeza.

Tampoco entiendo
¿cómo hacen para sobrevivir
sí yo muero a cada instante,
sí ahora estoy aquí y mañana
quién sabe dónde y cuán distante?

-Porque es una existencia binaria,
controlada con dos dedos,
con dos digitos;
con el todo y la nada.



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